jueves, 31 de marzo de 2011

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Tengo 52 años y tanto por hacer que no tengo tiempo para pensar en el tiempo. Nací en Buenos Aires y soy judía, pero serlo no es un destino ni una obligación, sino sólo un origen. Tengo tres hijos de 29, 26 y 15 años; he escrito muchos libros y soy una abuela siempre disponible.


"Si siempre quieres tener razón, nunca tendrás la verdad"

31/03/2011 - 00:43

Foto: Àlex García

Busque compadres

Me quedo sin espacio para la reveladora conversación sobre padres e hijos que nos regala Gutman. Si la piden, la retomaremos. Extraigo aquí su primer consejo: "¡Padres y madres: busquen compadres y comadres! La modernidad nos deja sin compadres, pero no se queden solos en casa con su hijo, el sofá y la tele. Estén ustedes con alguien que esté con ustedes mientras están con sus hijos. Quedarse solo con un pequeño metidos en un piso es agotador: no se entreguen a la Blackberry: encuéntrense con otros padres e hijos; no con compañías depredadoras que vengan a decirles que todo lo hacen mal, sino buenos amigos que quieran compartir con usted la maravillosa condición de padres".

Cuando eres niño, tu familia te adjudica un papel y así te conviertes en el tonto o el listo; el vago o el empollón; la guapa o la simpática... de la familia.

Y lo sigues siendo toda tu vida. ¿Y si te toca serel vago, el feo y el tonto de la familia?

Tienes un problema, pero no menor que el que deciden que sea el listo, el guapo y el emprendedor. Porque ni uno ni otro han elegido ese papel y, hasta que no descubra que representa un personaje que no es él, estará viviendo una vida que no es la suya.

¿Y descubrirlo es crecer?

Para crecer tienes que tomar conciencia de ese guión que tu familia escribió para ti: descubrir el papel que te asignaron y por qué.

Por ejemplo...

Tal vez la familia necesitaba un mochuelo que cargara con las culpas de todos, o un cerebrín que les compensara con sus éxitos de cierta marginación social... Y te tocó a ti serlo. Las razones por las que te asignan un papel son infinitas, pero lo importante es que las descubras. Sólo cuando lo hagas podrás empezar a ser tú mismo.

¿Y si sigo viviendo tan tranquilo?

Estarás condenado a repetir las pautas y los valores que te dio tu familia. Tal vez nunca entres en conflicto con ellos, porque es más cómodo representar el papel que te asignaron que vivir tu propia vida. Si tu familia era rica, conservadora y biempensante y tú jamás te planteaste dejar de serlo, serás un hijo obediente, pero... ¿serás tú?

¿Y si me hago monje zen?

De algún modo –al revelarte– sin saberlo estarás viviendo su guión, no el tuyo: lo estarás cumpliendo, aunque sea al revés.

No veo a tanta gente atormentada.

Hasta que un día entran en crisis. Y entonces todos queremos una solución rápida.

¿La hay?

Si llevas 20, 30, 40, 50, 60 años viviendo una vida que no es la tuya, no esperes descubrirlo y reconstruirte en diez minutos. Tienes que comprenderte a ti mismo.

¿Cómo?

Los caminos son muchos y cada uno elige el suyo: psicoanálisis, constelaciones familiares, meditación o simplemente aprender a autoanalizarse... Cualquier método de introspección puede ayudarnos a descubrir y después reescribir el guión de nuestras vidas.

Me alegro de que no venda una receta.

Ni siquiera creo descubrir nada. Lo que yo digo es tan antiguo como la humanidad, pero por eso mismo se ha vuelto tan actual olvidarlo: conócete a ti mismo.

¿Por qué lo olvidamos tan fácilmente?

Porque así eludimos responsabilidad: es más cómodo pensar que la causa de nuestros problemas siempre es externa. Lo que te pasa siempre es culpa del trabajo, de tu pareja, de tus padres, de tus hijos... cuando, si tienes cuarenta años, lo cierto es que llevas cuarenta años montando ese problema que te estalla ahora. Tu vida es un puzle que has construido contigo atrapado dentro. Tienes que entender cómo lo armaste para aprender a salir de él.

De nuevo: ¿cómo?

La mayoría de nosotros no tenemos una mirada global sobre nuestra propia construcción psíquica. Vemos nuestra vida como una obra de veinte actores en que cada uno repite como un loro su guión sin escuchar a los demás. Para empezar, debes dejar deempeñarte en tener siempre la razón y empezar a preocuparte por tener la verdad.

¿Qué me sugiere?

Bájate del escenario de la vida para ver qué papel haces en ella y lo que se organiza a su alrededor. Y para bajarte, encuentra a alguien que te diga lo que no quieres oír. ¡Eso es muy fácil! No me refiero a tus enemigos, sino a un amigo que te diga la verdad, porque el enemigo te dirá cosas que no te gustan pero que no siempre son ciertas; el amigo te dirá cosas ciertas, aunque no siempre te gusten.

¿Por dónde empezamos?

Pon en perspectiva: admite que ni tú ni tus problemas son tan importantes.

¿Por qué no empieza usted misma?

Yo me quedé embarazada y fui madre sin quererlo, sin que mi identidad fuera la maternidad. De repente, me di cuenta de que tenía un niño que requería toda mi persona y no sólo el trocito de madre que le quedaba a él después de haberme realizado en todo lo demás: profesional, mujer atractiva, intelectual, mujer con vida social...

¿Y cómo lo solucionó?

No hay soluciones, sólo hay verdades y mentiras. La verdad es que mi hijo había nacido para ser el centro de mi vida, pero él percibía que no lo era y llamaba la atención sobre eso portándose mal.

¿Eso acaba en trauma de por vida?

No sólo de por vida, también de generación en generación: si usted no aprende a amar del amor de sus padres, ¿dónde va a aprender cómo dárselo a sus hijos? ¿Cómo cortar ese encadenamiento de desamparos?

¿...?

De nuevo, con conciencia. Tienes que descubrir que lo que viviste de niño es diferente de lo que crees que viviste o te han hecho creer que viviste...

¡Y volvemos al principio!

Porque nuestros recuerdos son los que nos han dado y no lo que en verdad sucedió. Pero eso no es sólo un drama, también es una oportunidad. Es un trabajo emocionante el que tenemos por delante hasta descubrirlos y así descubrirnos.


Laura Gutman, terapeuta familiar


rapeuta familiar

http://www.lavanguardia.es/lacontra/20110331/54134012356/si-siempre-quieres-tener-razon-nunca-tendras-la-verdad.html


domingo, 6 de febrero de 2011

¿Teoría descabellada?

Cuando uno se enamora vive en un estado divino en el que quiere complacer en todos los niveles a la persona en cuestión... y gran parte de nuestra felicidad consiste en lograr hacer al otro feliz, aunque sea de a ratos.

Cuando se logra un embarazo se logra casi milagrosamente repetir ese estado (en el caso de que el embarazo sea bienvenido, hay otros que lleva mas tiempo).

Este estado es el ideal para vivir en familia, el de "enamoramiento" porque nos sentimos generosos y deseosos de complacer y ser complacidos.

Entonces sí, podemos darle a nuestros hijos todo el amor que somos capaces de entregar y que últimamente la vorágine de esta sociedad en la que vivimos "nos lleva a mezquinar" (acopiar amor no sabiendo cuando vamos a usarlo) como si el amor y la paciencia, la generosidad y la dicha fueran objeto de cambio e intercambio...

¿Por qué no podemos vivir haciéndonos felices entre todos, un rato cada uno, sabiendo muy bien quienes son los adultos y quienes los niños????

¿Quienes tienen herramientas para vivir conociendo sus usos y a quienes hay que mostrarles con el ejemplo para que sirven? ?

¿Quienes MERECEN recibir nuestro amor MAS que nuestros hijos??

El amor fluyendo con naturalidad (aunque al principio cueste ) en las familias es contagioso.

¿Por que no provocar una pandemia de amor, paciencia, generosidad y gozo????

Reconozco que vivir en ese estado es tan agotador como gratificante, por eso insisto en que TODOS deberiamos poder encontrar felicidad en el ayudar a que nuestros seres amados sean felices y ROTAR en el empeño.

lunes, 17 de enero de 2011

Otra nota brillante




http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1338508

Om / Por Luis Aubele

Acunar: cuidar el entorno de los bebes

La terapeuta familiar Laura Gutman analiza el cambio de paradigma de la sociedad actual y el desafío que se les presenta a las madres

Martes 4 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa

Un bebe moderno cumple jornadas laborales similares a las de los adultos. Tiene que adaptarse a ritmos institucionales para comer, dormir y jugar. También pasa muchas horas lejos de cualquier cuerpo humano, generalmente ubicado en sillas con respaldos aerodinámicos. Silla con cinturón de seguridad para el auto, silla para comer, silla para ser trasladado y silla reclinable para dormir?", enumera preocupada la escritora y terapeuta familiar Laura Gutman.

Imágenes y sonidos extraños. "Es difícil para el adulto imaginar que el bebe está solo, ya que en términos concretos siempre tiene que haber alguien presente ocupándose de él. Sin embargo, la vivencia interna es de soledad, en la medida en que no se sienta en contacto con un cuerpo humano y que no esté en permanente concordancia con el mundo emocional de su madre. Porque el bebe no tiene quien traduzca, quien nombre, quien medie entre el entorno y sus inmensas percepciones llenas de imágenes y sonidos extraños. La soledad lo acompaña casi siempre a menos que alguien esté atento a sus requerimientos permanentes", agrega.

Gutman es argentina y se formó en París, donde estudió Psicopedagogía Clínica. En 1981, con 23 años, recién recibida y madre de un chico, conoció a un ser fabuloso: la médica pediatra y psicoanalista Françoise Dolto (1908-1988 ) y su famosa Casa Verde. Un centro que había creado en el barrio 15 de París para que las madres pudieran llevar a sus chiquitos y hacer consultas con especialistas importantes, algo inexistente en esa ciudad en ese momento.

"A nadie le gusta dormir solo. A los chicos, menos. Pero la sociedad de consumo invita a comprar casas cada vez más grandes, con más habitaciones, más juguetes, más cortinas, más cunas, más estantes, más computadoras y más accesorios; de modo tal que los chicos no tengan excusas y deseen permanecer en esas prisiones de color? ¡Falso! No hay cortina ni cuna ni cama con acolchado floreado que reemplace el cuerpo de la mamá."

Amoroso e infinito. Para la autora, amar y ser amados son cualidades básicas del ser humano. Los niños amados y amparados son pacientes, comprensivos y respetuosos. Ellos entienden el mundo tal como lo viven: dentro del amor y la dedicación lo sienten como amoroso e infinito; en el desamparo y el vacío afectivo lo experimentan como un lugar hostil del que hay que protegerse.

Intuiciones sutiles. Otro de los temas que preocupan a la escritora es el tiempo posterior al parto, el puerperio. "Con un chico en brazos, las mujeres parecemos torpes intelectualmente, impuntuales, desorganizadas, olvidadizas y confusas. Esto nos deja atónitas y con la autoestima hecha trizas. Pero insospechadamente hemos adquirido lucidez en territorios emocionales, logrando sutileza en las intuiciones, en el olfato y en las percepciones nunca antes alcanzadas."

Un asunto complejo. Las madres modernas -sostiene Gutman- quedaron atrapadas entre dos culturas: la antigua, que daba identidad y valor al hecho maternal, pero que llevaba implícito el sometimiento sexual y económico al varón, y la actual, que otorga libertad y autonomía, pero que al desear y asumir también la maternidad terminan relegadas a circunstancias confusas de soledad y aislamiento. "¿Quiénes estaban mejor entonces? ¿Nuestras abuelas o nosotras? Antes las mujeres éramos más valoradas por el rol materno. Posiblemente lo pasábamos mejor siendo madres que siendo mujeres. Ahora somos más valoradas en el rol de mujeres trabajadoras. Por lo tanto, lo pasamos mejor siendo mujeres que siendo madres. El mayor desafío será encontrar la manera de reconocernos a nosotras mismas siendo madres y también mujeres independientes. Un asunto complejo y una problemática históricamente nueva."

Parámetros saludables. "Los chicos ya no duermen con sus padres o hermanos, la mayoría de las veces ni siquiera hay hermanos. Pasan muchísimas horas con personas extrañas o bien en guarderías, donde hay pocos adultos para hacerse cargo de muchos bebes, con lo cual la mejor opción es adaptarse. La adaptación consiste en esperar ser atendido sin pretender que haya un vínculo amoroso, considerando que haber sido atendido según parámetros suficientemente saludables lo convierten en un bebe cuidado y con bastante suerte."

Material

Gutman está especializada en maternidad, paternidad, vínculos primarios, desamparo emocional, adicciones, violencia y metodologías para acompañar procesos de indagación personal. Dirige Crianza, una institución con base en Buenos Aires que cuenta con la Escuela de Capacitación Profesional y un equipo de doulas , palabra indi que designa a mujeres profesionales que asisten a las madres durante las etapas del embarazo, parto y puerperio. Es autora de La maternidad y el encuentro con la propia sombra , La familia nace con el primer hijo y La revolución de las madres, por ejemplo .

martes, 5 de octubre de 2010

La dificultad para verse en los espejos y resolver que hacer con el reflejo.

Mi propia experiencia como madre-mujer-hija, me lleva a tener serias dificultades respecto a ver mi imagen en los espejos. Diría mas bien que me fijo que la ropa este "correctamente" colocada y el peinado decentemente acomodado y ya... pero VER lo que se dice ver, no me veo.
Cosa de la negación le dicen, tengo un sobrepeso importante.

Pero no voy a hablar de ESE reflejo sino del que nos muestran nuestros hijos.

La maternidad o mejor dicho, el tener criaturas a cargo, casi siempre nos recuerda en mayor o menor medida nuestra propia vivencia infantil-juvenil... lo registremos o no.

Si tuvimos una buena experiencia, en gral. trataremos de mostrarles a dichas criaturas nuestros recuerdos y lo que aprendimos.

Si no fuimos felices-contenidos-amparados... ¿qué pasa?
Hacemos lo que podemos, como siempre... pero eso implica varias posibilidades:

  • Ante el dolor que nos producen los recuerdos (conscientes o no de que esto esta pasando) nos alejamos emocionalmente de estas criaturas "hasta que tengan una edad razonablemente cómoda, donde los trataremos como adultos sin beneficios". Dejándolos a su vez desamparados, siempre hablando del territorio emocional, pero por supuesto asegurándonos de que estén correctamente vestidos, alimentados y escolarizados.
  • Buscamos ayuda para transitar esta/s etapas de la mejor manera posible (y de paso sanar nuestras propias heridas a través del amor que nos devuelven ) Aunque eso implique momentos en los que nos toque cambiar la forma de ver a los que en su momento nos criaron y encontrarnos con su auto-critica o no. A veces los demás se sienten amenazados con nuestras elecciones, diferentes a las que ellos tomaron en su momento y hasta pueden criticarnos DURAMENTE, siempre por "nuestro bien".
  • Con nuestros propios recursos tratamos de pasar estos momentos, que pueden darse en alguna etapa en especial o en todo el camino hacia la adultez, lo menos traumático posible.
  • Se disparan todos nuestros mecanismos de defensa y vemos a estas criaturas como seres que nacieron para hacernos la vida imposible y sacarnos canas verdes, entrando en una guerra de deseos donde todo lo que hacen los chicos es un capricho a propósito, porque así son los pibes (siempre poniendo en el otro -en este caso criaturas indefensas- la responsabilidad de nuestro bienestar-malestar).
¡El futuro de la humanidad (no exagero) depende de como criamos a nuestros hijos y de como tratamos a nuestros semejantes!

Saber realmente que los adultos somos nosotros y como tales también capaces de lidiar con nuestro orgullo y balancear los costos-beneficios de tener una relación emocional coherente con los que trajimos o elegimos criar y dependen de lo que logramos transmitirles. (ejemplo clásico: tardamos 10 minutos en despedirnos de los vecinos y sus hijos porque no quieren dejar de jugar... ¿nos vamos a morir por 10 minutos? ¿tenemos menos autoridad? ¿vale la pena enojarnos todos el resto del día por 10 minutos???? ¿podemos encontrar la manera de que se separen con la promesa de repetir el encuentro para jugar? o ¿cualquier alternativa que les enseñe a ser responsables de poder volver o no a algún lugar?
Lo que es mas triste... ¿nos gustó ser chicos y vivir en el autoritarismo absoluto y sin explicaciones (ahora llamado adultismo) ??? ¿tanto lo disfrutamos que esperamos a ser adultos para poder hacerlo nosotros???
Se que es agotador tratar de mantener a todo el mundo contento siempre, o por lo menos la mayoría del tiempo, pero como todo es un ejercicio que con el tiempo si somos consistentes, ¡lo aprendemos todos y rinde sus frutos!!!

Podemos "capacitar" a nuestro entorno adulto y niño en lo que necesitamos para lograr algo de armonía ¡y es contagioso!!! (también es frustrante, por eso necesitamos ser constantes y consistentes).

¡Hay que trabajar la tierra para que podamos obtener la mejor cosecha posible!!!!!